Una galería muy escueta para una sesión que llevaba años aparcada en un cajón de mi cerebro. Al sacar el equipo de «prender fuego a gente», fui consciente de lo mucho que llevaba guardado. Muy emocionado con el resultado, muy agradecido con Oliver por prestarme su tiempo y su cráneo.
Espero retomar la costumbre de prender fuego a alguien de vez en cuando.